De vez en cuando es bueno una dosis de veneno a las venas…
De vez en cuando es bueno volver la mirada atrás y recordar…de
vez en cuando es bueno meter la cabeza para husmear lo que hay en realidad, lo
que hay por dentro. Revisar la herida que con sonrisas disfrazadas trato de
ocultar, la herida aún sangrante que nadie nunca podrá cerrar, que nunca
sanará.
A veces es mejor creer la mentira, o al menos engañarse
pensando que la mentira es la verdad; aprender a mentir…ir a las calles o a las
casas de jóvenes e ingenuas mentes, verles a los ojos y decirles cínicamente
que esto es lo mejor para su futuro. Una vocecilla dentro de mí sonríe y el monstruo
cobra un alma más. Sus dientes filosos deseosos de sangre brillan en la
oscuridad, sus garras sólidas se incrustan en mi espíritu y oprimen mi alma.
Pero ¿qué puedo hacer? Soy yo también una esclava, esclava de una mentira que
tengo que vender como el elixir mágico de la felicidad, debo vender un paraíso
donde los niños viven en paz, un paraíso que es el infierno para unos pocos
cuyas tiernas pieles pierden el pudor.
Demonios encarnados visten de pastores, líderes poderosos
bajo la máscara del poder…tienen “privilegios” que usan como escudos para
servirse en mesa de oro a los desprotegidos. Un rebaño de manipulados que a un
solo balar dicen sí a cuánta absurda idea les propongan. Ahí estoy yo, aquel
cordero negro de oscuro mirar, con lanas blancas tratando de ocultar mi
fatídica realidad. Intento con ellos flotar…pero mi alma está muerta, mi
espíritu olvidó volar.
La religión, bien dicen “el
opio de los pueblos”, la droga que adormece los sentidos, todos los
sentidos. Tanto así que ven lo más superficial como síntoma de una buena
espiritualidad, mujeres que mientras sus trajes sean lo más recatados son
consideradas las más puritanas ante la sociedad; cuando a veces es porque no
tienen cuerpos ya para lucir y sienten ira al ver a jovencitas que se
entusiasman con modas para nada bizarras. Pero ahí están, para juzgaros hasta
los zapatos, si vuestros zapatos son demasiado altos, pues eres parte del
mundo, si usáis alguna prenda de moda, vuestra espiritualidad está errada. ¡Por
Dios! La regla es: Mientras más ridícula,
más pronto llegaréis al Paraíso. Basta con dar un vistazo a las
precursoritas que se calzan una blusa con una camisa por encima, una falda que
da hasta los tobillos ancha y vieja que no combina para nada con el torso,
zapatos cerrados y calcetines blancos, sombrero crema y paraguas. ¿Y así
quieren pasar desapercibidas?; la gran tribulación nos acaecerá gracias a sus
ridículas formas de molestar la vida de la gente!!!.
Jodemos a la gente día y noche, los despertamos los domingos
en la mañana, los perseguimos en las calles, y luego nos preguntamos ¿por qué
no nos quieren?, somos calambres a la vista, nos hacemos los santos y fastidiamos
día y noche…y luego ¿por qué será que nos persiguen?.
Países democráticos, os fastidian los evangélicos con su
canto, es verdad. Pero nosotros no nos hayamos muy lejos de ellos. Al menos,
ellos deben denunciar a sus pedófilos.
Al menos los Católicos han tenido la cara de exponer a la luz pública
sus crímenes, y hasta han pedido perdón…y ¿nosotros?, dejamos que violen a
nuestros niños, que destruyan su niñez, y callamos en honor de que no queremos
que se haga público y “calumnien” a nuestra religión. Si la ley del hombre
considera crimen, ¿qué sois tú para decir que no lo es?.
¿Es que somos tan ciegos que no podemos ver?, para vivir en
nuestro Paraíso, condenamos el infierno a nuestros hijos, y abrimos las puertas
de par en par a depredadores sexuales. Su sangre está en nuestras manos, nos
bañamos en su dolor, y ocultamos el rostro indiferente a los crímenes,
fingiendo que nunca existieron ¿para qué? ¿Para proteger un nombre?, protegemos
el nombre de una organización, y con él los nombres de los malditos, comemos
con ellos, les abrimos las puertas porque juramos que son nuestros hermanos,
les prestamos nuestros hijos para les ayuden con actividades teocráticas…hay
actos que no merecen el perdón. El mundo no los perdona, pero nosotros somos
tan cojudos que los perdonamos y albergamos en nuestro seno. Claro, y con eso
somos santos. Hemos insensibilizado el sentido de Justicia más básico.
Creemos
que tenemos nuestro propio sistema de justicia…un pedófilo puede hacerse de un festín
y nosotros creemos suficiente castigo con decirle que ya no es T.J., ¡oh, sí!
¡Tremendo castigo!, en cualquier lugar del mundo por tan sólo un acto de esos
es llevado preso, y en la cárcel es violado vez tras vez, y muchos otros –porque
en el mundo sí hay un sentido de justicia hasta en los presidarios- son asesinados
en manos de compañeros de celda. ESO ES JUSTICIA, aquí hasta el peor y
escandaloso castigo de ser expulsado, es remediable, sí, porque luego de unos
meses el monstruo puede volver, sí, vuelve al rebaño para servirse de sangre
nueva, sin temor, porque nadie hasta ahora ha sabido lo que es en realidad. Y Ahí
están, madres confiadas e incautas…y luego alguien dice que nosotros no nos
llevamos por las apariencias.
Y ahí, como espectador, como el que sabe y calla. Callo
porque eso tengo que hacer si no quiero perder el cariño de los míos, callo
porque si hablo seré vituperada por denunciar un crimen que ni el involucrado
ni los padres quisieron decir.